sábado, 30 de enero de 2016

2x1


“2x1”, de Manuel Jabois. EL PAÍS. 30 de enero 2016.

La legalización del matrimonio homosexual fue unos de los pocos momentos en los que un Gobierno español legisló en tiempo real con la sociedad. En momentos impagables, incluso adelantándola. De hecho una de las frases más afortunadas de aquella época procedió no del colectivo gay sino del PP: el Gobierno socialista, según la oposición, estaba generando un debate en donde no había. En un país claudicante, aquello estaba mal visto. Para el PP las “cosas que no importan a nadie” o “los asuntos de los que nadie habla” no deberían de ser ocupación del Gobierno. Pero a menudo debería de ser la primera: para eso es el poder, para ejercerlo.

Ese Ejecutivo de Zapatero fue un Gobierno que visibilizó un problema, abrió una discusión pública y, como se denunció, dividió a los españoles entre los que creían que un homosexual debía de tener los mismos derechos que cualquier persona, y los que no; se necesitan más divisiones así. La ley convirtió a España en el tercer país del mundo que permitía contraer matrimonio a los homosexuales. Semejante velocidad en materia de derechos humanos sacó a la calle a decenas de miles de personas enfurecidas que volverían a protestar por la ley del aborto. Por un lado denunciaban que la tradición de la izquierda era intervenir la vida privada del ciudadano; por el otro, se ponían a gobernar la cama de todo el mundo.

Italia vive hoy el debate que España superó hace diez años. La oposición conservadora dice que las bodas de homosexuales “alteran las leyes de la naturaleza” y “dividen en asuntos en los que estábamos de acuerdo”. Ése es el buen camino, pero cuando se recorra quedará otro: que la sociedad se ponga a la altura de la ley. Como aquí el Gobierno fue por delante de la normalización, siguen produciéndose enormes desajustes. En muchos ámbitos públicos una pareja de hombres o mujeres se ve como anomalía, o como excepción, o como objeto de condesdendencia.

La cadena VIPS ha dado un paso natural: una publicidad de 2x1 con el mensaje de que la oferta no te pille sin pareja; la ilustra una pareja gay. La plataforma HazteOir acoge la petición de que se retire porque “normaliza una familia que no es natural” bajo la amenaza de boicot. Lleva más de 10.000 firmas. “Niños y jóvenes las están viendo. Niños y jóvenes que podrían ser tus hijos, tus sobrinos o tus nietos”. Sería bueno que la viesen todos. Para que no tengan que sentir ellos la sensación de anormalidad que tienen en exclusiva los que pretenden hacérsela sentir.

OLÉ, MUÑECA.

"Olé, muñeca", de María Porcel. EL PAÍS. 30 de enero de 2016.
Barbie es un símbolo. De la niñez, de la juventud y la rebeldía, de la nostalgia. Barbie tiene 57 años y apenas ha cambiado desde que nació, cuando ya era así. Sí es cierto que su cuerpo ha ido retocándose ligeramente, década tras década, pero solo para adaptarse a las nuevas ropas y, todo sea cierto, para hacerse cada vez más flaca. Más lejana.
Todo cambió hace un par de años: llegaron Frozen y Elsa. Su pelazo y sus manos frías sin complejos la catapultaron al podio de la muñeca más vendida. Y Barbie se quedó atrás. Se vendía menos. No gustaba. Era el blanco de las críticas. Ninguna mujer con dos dedos de frente diría: “Llámame Barbie”. Ninguna niña decía: “Algún día quiero ser como Barbie”.
Pero Barbie cambió. Resulta que nadie quiere una muñequita florero. Como nadie quiere una mujer florero. Lo que quieren es una Barbie veterinaria. O ingeniera. O incluso superheroína. ¿Una Barbie con capa? Pues claro. Es lo que quieren las niñas, y los niños, venga ya. Yo les rogaba a mis amigos sus G.I.Joes, que solo prestaban si había una Barbie implicada en la transacción.
Ahora Mattel, su fabricante, anuncia un hito, no solo en juego: también social. Si las mujeres han cambiado, ¿cómo no iba a cambiar la muñeca más famosa del mundo? Pues sí. Las habrá pequeñitas, de casi dos metros y, quizá las más deseadas, gordas. Vale, no son gordas. Son curvy. Esa palabra trolera y suavona. Y vale que tampoco es que Barbie esté gordísima (al fin y al cabo se trata de buscar un modelo saludable), pero tiene caderas. ¡Y tripita! Las tres tienen un cuerpo más real. O por lo menos distinto. Ya iba tocando.

INTEGRAR

"Integrar", por Fernando Savater. EL PAÍS. 30 de enero de 2016.
Después de la agresión a mujeres en Colonia, el imán de la mezquita local fue comprensivo con la fechoría: “Iban perfumadas... casi desnudas” (lo cual en Colonia y en diciembre tiene más mérito que vicio). Pretende que a los varones de su parroquia no se les puede pedir que respeten a las hembras reacias a enmascararse y oler a sobaquina. Para ellos son peores que prostitutas. Como reacción, numerosas voces irritadas reclaman una integración efectiva que obligue a los musulmanes, sean nativos o inmigrantes, a respetar los valores de un país occidental. Ellos tienen sus costumbres, sus tradiciones, sus creencias religiosas, etcétera... pero todos esos rasgos distintivos pertenecen al orden de la cultura y pueden ser practicados libremente siempre que no se opongan a las leyes comunes: en caso de conflicto entre ambas, son los derechos de todos los que deben prevalecer sobre las preferencias culturales de algunos, incluso aunque sean muchos. La única identidad cultural básica y exigible a todos es la cultura democrática: a partir de ella, constitucionalmente expresada, cada cual tiene derecho a decidir su perfil...
Lo contrario sería hacer retroceder el fundamento laico y universal de nuestra convivencia (que otorga derechos y exige deberes sin hacerlos depender de genealogías, etnias, territorios, géneros, ideologías, etcétera...) a determinismos identitarios particulares que imponen no el derecho a la diversidad sino la diversidad de derechos. Lo cual no es una reivindicación exclusiva de dogmatismos religiosos sino también de dogmatismos nacionalistas y separatistas, como vemos acerbamente en España y ya apunta en otros países europeos. Lo chocante es que nadie considera progresista fragmentar la ciudadanía en nombre del tribalismo religioso, pero no faltan quienes consideran en cambio de vanguardia hacerlo por tribalismo territorial...

domingo, 24 de enero de 2016

VOLVER


Ficha 15. “Volver” de Manuel Vicent. El País. 24 de enero de 2016.
Antes de morir Luis Buñuel manifestó cuál era su ideal de futuro: levantarse de la tumba cada 10 años, comprar el periódico, enterarse de los últimos chismes, tomarse un martini y volver a la tumba hasta la próxima salida. Buñuel murió en 1983, cuando los socialistas acababan de conquistar el Gobierno y muchos ricos se llevaban el dinero a Suiza creyendo que habían llegado los rojos; soliviantada por los obispos la derecha se alzaba a gritos contra la despenalización del aborto y la primera fecundación in vitro en España; la ETA asesinó a 44 personas ese año y Tierno Galván fue nombrado alcalde de Madrid. Si el deseo de Buñuel se hubiera cumplido habría despertado por primera vez en 1993 sin enterarse de que Tierno Galván en plena movida había gritado en un concierto: “Rockeros, el que no esté colocado que se coloque… y al loro”, pero se habría encontrado con Miguel Boyer, ministro socialista, casado con Isabel Preysler y a Felipe González acusado de corrupción y crímenes de Estado por un político con bigote. En 2003, en la segunda salida, aquel político del bigote llamado Aznar ocupaba el Gobierno, en plan chulo con las patas en la mesa y toda España se hallaba bajo el reino de la codicia con un ruido espantoso de grúas y hormigoneras. En 2013 Zapatero no había existido. Al muerto le sorprendió un tal Rajoy en el Gobierno y las calles llenas de mendigos con corbata escarbando en los basureros. Puede que en 2023, en su próxima salida, Buñuel lea en el periódico que estos jóvenes de la ira que acaban de llegar hoy a la política con el viento del pueblo son unos viejos corruptos o tal vez han logrado limpiar a España de golfos y chorizos, pero frente a cualquier noticia para Buñuel nada será mejor que tomar su martini con el sol en la cara para volver a la tumba ebrio y un poco bronceado.

jueves, 21 de enero de 2016

ZARRAPASTROSA


"Zarrapastrosa", Luz-Sánchez Mellado. EL PAÍS. 21 DE ENERO DE 2016.
Modestia aparte, tengo una lumbrera en casa. Una zagala de 14 abriles que me come de todo, me estudia ella solita y me saca dieces en Lengua uno detrás de otro. Es más mona y más lista y más educada, mi niña... Acaba de leérseme Castilla para un trabajo de tercero de la ESO y ni me ha protestado ni me ha pedido nada a cambio ni nada. Enterito, se ha tragado la criatura ese clásico de la literatura española quemándose las pestañas en el portátil de su cuarto teniendo varias ediciones en rústica en la estantería. Cuando se lo hice notar, así, con delicadeza, no fuera a ponérseme rebelde, la que me puso en mi sitio fue ella. “No sé. Así, en plan tableta, me entran mejor las cosas. Qué más te da cómo lea, si leo. Eres mazo pesada, tío”. Tío. No mamá, ni señora madre, ni vieja bruja caduca propiamente dicha, no. Tío, me dijo. Así, con dos ovarios, como se llaman ahora los adolescentes ya sean hombres, mujeres o cosas. Estuve por ponerme ultraortodoxa y darle la chapa con lo de la concordancia de género, número, tiempo y persona. Pero conté hasta diez e hice antes examen de conciencia. ¿Quién es una para dar lecciones a nadie? Entre la presbicia, la desidia y los dedos como morcillas, meto faltas a porrillo en los mensajes de texto. No tildo los tuits para no perder un microsegundo pulsando la letra correspondiente en el teclado. Antes de Twitter me bebía tochos de 600 páginas a morro y ahora tres párrafos me parecen un reportaje largo. Eso, dedicándome a juntar letras. Hija de su madre, mi nena. El otro día salió el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, diciendo que hacemos un uso zarrapastroso del idioma. Se lo contaba anoche a mi pequeña mientras ella cotilleaba Instagram y yo tuiteaba sobre Gran Hermano. ¿Zarrapasqué?”, me contestó ella, “vaya palabro, es mazo larga, tío”. Por cierto, la niña me aprobó el trabajo sobre Azorín con nota, gracias.

miércoles, 20 de enero de 2016

CÓMO COMENTAR LOS TIEMPOS VERBALES Y LAS PERSONAS DEL VERBO

"No se puede perder la confianza en los ensayos clínicos", EL PAÍS. 20 de enero de 2016.Milagros Pérez Oliva.

Lo que se espera de los medicamentos es que salven vidas, no que cuesten vidas. Y menos en la fase de ensayo clínico, que se rige por estrictos controles de seguridad. Y sin embargo, de tanto en tanto, ocurren accidentes como el que ha provocado la muerte a un voluntario francés y graves daños a otros cuatro que participaban en las pruebas de un nuevo fármaco para patologías neurológicas y psiquiátricas del laboratorio portugués Bial. El suceso, que ha causado conmoción entre quienes participan en ensayos clínicos, nos hace caer en la cuenta de lo delicado y comprometido que es el camino que sigue un fármaco desde el laboratorio hasta la cabecera del enfermo. De hecho, son muchas las moléculas prometedoras que no llegan a buen puerto por los graves efectos adversos que se descubren en ese itinerario. Pero que esos efectos lleguen a causar la muerte es extraordinariamente infrecuente.
Para que un nuevo medicamento sea autorizado, no solo ha de demostrar que es efectivo, sino también que no tiene efectos secundarios graves. Solo cuando ha quedado acreditado en estudios preclínicos que no provoca daños en animales, se autorizan los ensayos en humanos. Primero en personas sanas y comenzando por dosis bajas — ensayos de fase I— para probar su seguridad y tolerancia. Luego en personas enfermas — fases II y III—, mediante estudios a doble ciego en los que se compara la evolución de pacientes tratados con el fármaco con la de otros a los que se ha administrado un placebo, sin que ni el médico ni el enfermo sepan a qué grupo pertenece cada uno.
Por eso resulta tan extraño el fulminante y grave efecto que ha tenido la molécula BIA 10-2474, cuyo ensayo clínico había sido encargado por el laboratorio portugués a Biotrial, una empresa privada de investigación por contrato radicada en París y Rennes. Esta empresa diseña los ensayos y recluta a los voluntarios a los que compensa con cantidades que oscilan entre 100 y 4.500 euros anuales. Es muy raro que un ensayo clínico en fase I produzca efectos tan graves. Según el laboratorio, las pruebas en animales no habían dado señales de peligro. En julio comenzó a administrarse a 90 voluntarios sanos, que tampoco sufrieron efectos aparentes. Pero cuando el 7 de enero comenzaron a administrarse dosis más altas varias veces al día a seis voluntarios, el efecto fue fulminante. A los tres días uno de ellos ingresaba en el hospital y caía en un coma irreversible a causa de las necrosis que sufría su cerebro. Otros cuatro sufren también daños, tres de ellos con afectaciones que, si sobreviven, les dejarán graves secuelas.
La cuestión a dilucidar ahora es si se trata de un efecto adverso inesperado vinculado a la dosis o si la partida administrada había sufrido algún tipo de alteración. De momento, el caso está bajo investigación sanitaria y judicial. En todo caso, es necesario que la investigación se desarrolle con la máxima transparencia para dilucidar si se han producido errores o negligencias o se trata de un accidente inevitable. Porque de ello depende la confianza en los ensayos clínicos, y no podemos permitirnos perderla.

COMENTARIO SOBRE LOS TIEMPOS VERBALES
 
Desde el punto de vista de la cohesión, los tiempos verbales son importantes en la globalidad textual. Como es normal en la argumentación, el texto que nos disponemos a analizar presenta diversos tiempos verbales.
    Por un lado, destacamos las formas del subjuntivo ("salven", "lleguen"). El subjuntivo es el modo que usamos en  español para expresar el mundo de la posibilidad o de la probabilidad, en estos dos casos el primero se utiliza para apuntar lo que esperamos de los medicamentos y para subrayar lo poco probable de la muerte provocada por los ensayos clínicos.
   Por otro lado, el uso de presente se ajusta al tiempo actual y coincide con el momento en el que el emisor emite su mensaje. Podríamos además hablar de un presente de continuidad como es el "ocurren" de la tercera línea, y en este sentido, también el presente "llegan", referido  este a las moléculas prometedoras, solo eso, prometedoras.
   También queremos destacar el pretérito perfecto compuesto, que es el mecanismo que tiene nuestro idioma para designar acciones del pasado pero que tienen repercusiones en el presente ("ha provocado" y "ha causado"). La noticia de la que se habla sigue impactándonos.
   El pretérito imperfecto presenta el pasado en su desarrollo, de ahí que se designe como "el presente del pasado". "Participaban" indica una actividad en su transcurrir, como es la participación en los ensayos clínicos.

   Respecto a las personas del verbo, cabe destacar la tercera persona, tanto del plural como del singular, para hacer referencia a distintas realidades, como los medicamentos, los accidentes, etc., todas vinculadas al tema en torno al cual gira el texto.











sábado, 16 de enero de 2016

ALGUNOS EJEMPLOS DE ARGUMENTOS

A continuación te ofrecemos diversos ejemplos de argumentos, extraídos de textos periodísticos:

1.- De experiencia personal:

"Mi propia experiencia demuestra que la mayor parte del tiempo se lo pasa uno fracasando. Muchos de nuestros proyectos no salen como habíamos pensado o directamente no salen...".

2.- De autoridad:

" ...aunque uno a veces abriga la sospecha de que Luis Cernuda iba mejor encaminado cuando objetó: "El saber ocupa lugar, tanto que puede desplazar a la inteligencia"...".

"Más cerca nos cae el ejemplo de Unamuno: "El maestro que enseña jugando acaba jugando a enseñar".

3. De analogía:

"Aunque con menos talento creador, muchos de los jóvenes españoles de hoy se comportan como si fuesen herederos de Paul Verlaine".

4.- De tradición:

¡Ojo!: PARA CONTRAARGUMENTAR RESPECTO A LAS CONSIDERACIONES QUE DE LA FELICIDAD SE HACÍAN: "Es un mito construido para consolar a los pobres y que no hagan la revolución".

5.- De utilidad:

"...conviene no equivocarse...".

6.- Científico:

"La memoria visual es fundamental para fijar la escritura".


Su jefe puede ver su correo... ¿y el WhatsApp?

"Su jefe puede ver su correo... ¿y el WhatsApp?", de Ricardo de Querol. EL PAÍS. 16 de enero de 2016.
Uno de los problemas del siglo XXI: las fronteras entre la vida privada y laboral son cada vez más difusas. Su usted es uno de esos profesionales que pasan la mayor parte de su tiempo ante un ordenador, y que llevan en el bolsillo un teléfono de los que llaman inteligentes, quizás esté de acuerdo. En el PC del trabajo echa un vistazo al periódico, y en el de su casa repasa documentos de trabajo antes de su reunión del lunes. En su móvil, que es de su empresa, se ha descargado tanto el correo corporativo como el privado (y el Candy Crush). Por WhatsApp le llegan instrucciones de su jefe, peticiones de clientes, bromas de un grupo de amigos del instituto, avisos sobre el partido de baloncesto de su hija. Los que trabajamos con la información la rastreamos a menudo en Facebook o Twitter, pero noticias y análisis aparecen en medio de chistes malos, frases cursis de Paulo Coelho y fotos de gatitos. Cuando llama por teléfono desde la oficina a su pareja no siempre es para dar el aviso rápido de que llegará tarde. Tampoco es raro que le contacten por cuestiones laborales, vía voz o datos, por la noche o durante el fin de semana.
Es lo que tiene vivir siempre conectados. En estos tiempos frenéticos pueden chocar dos intereses: el derecho (fundamental) a la intimidad y al secreto de las comunicaciones y la potestad de las empresas de controlar qué hacen sus trabajadores. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictado una sentencia que habrá sobresaltado a muchos: las compañías pueden acceder a las herramientas informáticas, como el correo electrónico, que pone a disposición de plantilla. Resuelve así el recurso de un ingeniero rumano, despedido por chatear con su familia a través de una cuenta corporativa de Yahoo Messenger. No es una doctrina sorprendente: en España tanto el Tribunal Supremo como el Constitucional han avalado que las empresas accedan al correo de sus empleados si estos han sido advertidos de la prohibición de uso personal de esos medios y de su posible supervisión. ¿Y si ese trabajador hubiera utilizado sin parar una cuenta privada del Messenger o de WhatsApp en el trabajo? La sentencia destaca que no se dio el caso: la empresa solo vigiló el uso de la cuenta profesional, lo que considera “proporcionado”.
No hace falta que corra a borrar todos los mensajes no estrictamente profesionales que se acumulan en su email o en su teléfono. La sentencia tampoco da barra libre para que sus jefes espíen cada uno de sus movimientos, cosa que, por cierto, sí hacen su operador de telefonía, Google y hasta los servicios de inteligencia estatales, como supimos tras el caso Snowden. El sentido común indicaría que solo cabe esa intervención ante casos graves de abuso de confianza, pero es dudoso que ese fuera el caso del ingeniero. Podemos añadir a la discusión otro elemento muy actual: la necesidad de conciliar la vida laboral y familiar. No es razonable que le exijan un aislamiento absoluto de su entorno personal durante unas jornadas de trabajo que en España son muy prolongadas. Por si acaso, un consejo: no ponga por escrito lo que no quisiera que vea su jefe (o su Gobierno). La privacidad no es un valor seguro en tiempos digitales.

ARTÍCULO SOBRE EL MACHISMO EN LA POLÍTICA.

"Ni "putas" ni "feísimas": Las políticas catalanas se rebelan contra el machismo". Noelia Ramírez. S MODA.
“La mujer cada vez tiene y tendrá más peso y voz en la política española. Es normal que algunos seres de cromañón rebuznen”. Así de contundente responde Patrycia Centeno –autora del blog Política y Moda y del libro El espejo de Marx. ¿La izquierda no puede vestir bien? (Ed. Península)–, cuando se le pregunta cómo valora la inquietante escalada de juicios machistas de las últimas semanas sobre las mujeres de la política catalana. Ella misma publicó hace unos días un post dedicado a uno de esos ‘seres’ en su blog. Una entrada que se viralizó rápidamente y que apuntaba directamente a Alfons Godall. El que fuera vicepresidente de Joan Laporta en el Barça aprovechó para felicitar las fiestas a sus seguidores de Twitter indicando que una militante de la CUP iba vestida “fea de cojones” y que para “ir de revolucionaria por la vida no hace falta tener un look tan desagradable”.
Viendo como anda de calentito el patio en Twitter, el columnista Antonio Burgos también debió venirse arriba y publicó el día de Reyes Las Flequis en ABC, un texto que no atacaba a las mujeres de la CUP por su ideología, sino por su físico y donde se preguntaba “¿Por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de la CUP, han de ser tan feas?”. No contento con el descrédito gratuito, Burgos describía a las integrantes del partido catalán como “feas, feísimas y nekanes pelorratas” y finalizaba su texto reduciendo la solución al independentismo a un determinismo estético: “no es que quieran separarse de España: es que quieren que las echemos. Por horrorosas y antiestéticas”. Otro que también ha entrado al trapo ha sido el periodista y sindicalista Joan Guirado, que dimitió de sus responsabilidades sindicales y ha asegurado que nunca más colaborará con El Periódico después de llamar en Twitter “puta traidora” a Anna Gabriel, diputada de la CUP en el Parlament.  
La cosa se ha ido tanto de madre que hasta la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (Barcelona En Comú) denunció públicamente los ataques sexistas (“la situación de Cataluña dará para debatir mucho. Lo que requiere una reacción inmediata es un rechazo absoluto a los ataques machistas contra las mujeres de la CUP”) e Inés Arrimadas (Ciudadanos) también ha clamado contra artículos como el de Burgos (“por encima de las diferencias ideológicas, es intolerable acudir al insulto de las mujeres por su físico”).

domingo, 10 de enero de 2016

ATADOS A LA CASA PATERNA

"Atados a la casa paterna", EL PAÍS, 2 de enero de 2016
Que casi el 80% de los jóvenes españoles menores de 30 años vivan todavía en la casa de los padres da cuenta de la profundidad de la crisis que vivimos. La tasa de emancipación juvenil española se sitúa entre las más bajas de Europa, solo por encima de la de Grecia, Italia y Croacia, y muy por debajo de la media europea, donde los jóvenes se emancipan de media a los 26,1 años, mientras que aquí lo hacen a los 28,9. Es muy posible, además, que estas estadísticas escondan una parte de la realidad, pues muchos de los jóvenes que han abandonado el hogar paterno siguen necesitando la ayuda económica de sus padres.
Estos datos marcan un panorama social deprimente para las expectativas de las nuevas generaciones, pues las causas son estructurales y se necesitan políticas más decididas que las aplicadas hasta ahora para cambiar la tendencia. En primer lugar, la alta tasa de paro —el 38,7% de los menores de 30 años están desempleados— y la precariedad laboral de los que trabajan impiden que tengan ingresos suficientes. A ello se añade el alto precio de la vivienda, inasequible para los salarios medios que perciben quienes comienzan su vida laboral.
La incertidumbre sobre la continuidad en el puesto de trabajo es otra barrera importante a la hora de decidir la emancipación. El nuevo gobierno que se forme en España no puede ignorar esta realidad. Su prioridad debe ser un plan de choque de empleo juvenil.

LOS CLUBES SON RESPONSABLES

"Los clubes son responsables", EL PAIS, 9 de enero de 2016
Con demasiada frecuencia, los jugadores de fútbol de élite en la Primera División española protagonizan conductas reprobables —cuando no predelictivas—, impropias de deportistas conscientes de su responsabilidad. El caso más reciente es el del jugador del Barça Luis Suárez, que rozó el matonismo en el último partido contra el Espanyol; o del espanyolista Diop, que al término del encuentro declaró: “Si hubiéramos sido violentos algunos jugadores habrían salido en camilla”; o el estúpido desafío entre varios para proseguir el enfrentamiento tras el partido. No se trata de los roces habituales dentro de un campo de fútbol, que pasan y se olvidan; el partido discurrió por cauces de hostilidad y resentimiento, preparado por declaraciones inoportunas de directivos de ambos equipos, en los que, sin duda, jugó un papel importante lo que representan ambos clubes en el ámbito político catalán.
Pero hay más. Dos jugadores del Real Madrid han protagonizado episodios preocupantes, además de grotescos. Karim Benzema está investigado por la justicia francesa por su implicación en un supuesto chantaje sexual a su compañero Valbuena; y James, sorprendido en la M-40 circulando a 200 kilómetros por hora, forzó a la policía a una persecución cinematográfica.

La acumulación de violencias y despropósitos obliga a preguntarse si los clubes de fútbol disponen de un código ético que deben cumplir los jugadores; o, si lo tienen, se dignan aplicarlo. Por el contrario, parece que las directivas miran hacia otro lado cuando una de sus estrellas se comporta de manera zafia o directamente ofensiva; y, a veces, salen en su defensa a destiempo, implicando indecorosamente al club en las fechorías de sus empleados. Los jugadores de élite no cobran millones al año solo por golpear con acierto un balón; representan a una sociedad y tienen un papel que cumplir a cambio de sus cuantiosas soldadas. Eso incluye, por lo menos, pagar impuestos, acreditar una conducta razonable dentro y fuera del campo y evitar la incitación a la violencia.
Suárez ya ha sido castigado por el comité correspondiente; quizá otros jugadores lo sean. Es justo y conveniente. Pero el silencio llamativo y ofensivo es el de sus propios clubes, que son los que, en primera instancia, deberían sancionar las conductas desbocadas; al no hacerlo, incurren en una clara responsabilidad.

FRACASO CON LOS REFUGIADOS

"Fracaso con los refugiados", EL PAÍS, 10 de enero de 2016.
Desbordada por la oleada de refugiados, la Unión Europea no ha sido capaz de gestionar eficazmente la crisis migratoria desencadenada en 2015. Cada país se ocupó de aplicar sus propias recetas. Dinamarca y Suecia han iniciado el año restableciendo los controles fronterizos aleatorios y por un tiempo limitado, una medida que torpedea la libre circulación de las personas y pone en cuarentena Schengen. Con esta respuesta tratan de poner freno a la entrada masiva y descontrolada de refugiados.
Alemania registró el año pasado 1,1 millones de peticiones de asilo y Suecia recibió a 163.000 personas, el mayor número per capita de la UE. Los dos países que más empeño han puesto en tender la mano a quienes huyen de las guerras tienen razón al pensar que la carga no se ha repartido por igual y que es necesario compartir responsabilidades.
Es hora de admitir que el programa de reubicación de refugiados ha fracasado. Los Veintiocho se habían comprometido a trasladar a 106.000 personas desde Grecia e Italia, las dos principales puertas de acceso a suelo europeo, a otros países. Sin embargo, solo han sido capaces de instalar a 272, de las cuales 18 han llegado a España.
El enquistamiento de esta crisis se está convirtiendo en caldo de cultivo de inquietantes brotes xenófobos, como el que estos días salpica Alemania tras las agresiones sexuales a mujeres durante las celebraciones de Nochevieja. Las miradas sobre los disturbios —todavía no bien explicados y envueltos en una confusa actuación policial que ha causado la destitución del jefe de la seguridad en Colonia— ponen el foco en “hombres jóvenes de aspecto árabe o norteafricano”. El hecho de que entre los sospechosos haya solicitantes de asilo ha reabierto el debate sobre la política migratoria de Angela Merkel, que ha declarado estar dispuesta a revisar las leyes de acogida.
Tan importante como castigar a los culpables, independientemente de su origen, es no caer en la tentación de levantar aún más barreras discriminatorias contra los refugiados.